10 LIBROS DE CIENCIA FICCIÓN CUBANA: GUÍA DE LECTURA, por Juan Pablo Noroña
La literatura de ciencia
ficción en Cuba comenzó a crecer en los ‘60, como parte de la aceleración que
vivía la cultura por un patrocinio estatal fuerte, la alfabetización de grandes
masas populares y el desarrollo educativo, sobre todo en la educación técnica,
condición que ayudó a crearle un público ávido al género. Este inicio estuvo
por supuesto caracterizado por la influencia de modelos anteriores y
exteriores, aunque también hubo destellos de originalidad en personalidades
como Oscar Hurtado y Miguel Collazo. Después hubo lo que se llamó ‘quinquenio
gris’, cuando la literatura toda ‘se durmió’ bajo el peso del dogmatismo y la
burocracia, y casi dejó de publicarse el género. La ciencia ficción cubana
recibió entonces la influencia de muchas publicaciones de ciencia ficción
soviética, apoyada por el glamour ideológico de su país de procedencia y la
incomparable producción de las editoriales soviéticas, lo que marcó a la
ciencia ficción cubana con un aspecto utopista y hard ligero. A finales
de los ‘70 el género levantó cabeza con la instauración del Premio David
Especial de Ciencia Ficción de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de
Cuba. En los ‘80 autores como Daína Chaviano y Alberto Serret se adueñaron del
gusto público con un nuevo estilo, el llamado ‘blando’ o ‘rosado’, denominado
así por su romanticismo, que dejaba de lado toda pretensión de ser hard
en favor de la capacidad sugestiva y poética de la historia y los personajes.
No obstante la novela de extrapolación científica y social llegó a su madurez
con Agustín de Rojas, y a finales de la década las nuevas vertientes más
oscuras y experimentales hicieron entrada con José Miguel Sánchez, Yoss.
Ocurrió entonces la caída del campo socialista, cuyas implicaciones económicas
dictaron la penuria editorial para Cuba, afectando sobre todo a un género
marginal como la ciencia ficción; es curioso señalar que también desapareció
toda pretensión de utopismo en la narrativa. Los autores cubanos comenzaron
entonces a buscar espacios de publicación y reconocimiento fuera de las
fronteras. Los ‘90 fueron sobre todo un período de talleres, eventos y
actividades no literarias, hasta que en 1999 la Editorial Letras Cubanas
publicó una antología de nuevos autores, Reino Eterno. Esa misma casa y
la Editora Extramuros publicaron varios libros hasta el 2002. Más
recientemente, en 2003, el premio Calendario de la Editorial Abril incluyó la
categoría de ciencia ficción, con dos entregas hasta el momento —la primera fue
particularmente desafortunada.
El Viaje (1968), de Miguel
Collazo.
Ciudad de La Habana: Ediciones Unión.
Collazo en general y El viaje en particular es una
de esas parcelas en discusión entre el mainstream y la ciencia ficción.
Los personajes de esta novela son sobrevivientes de una catástrofe indefinida,
no se sabe si una guerra nuclear o un naufragio estelar en un mundo hostil, que
intentan reunir sus capacidades como seres humanos y sociales para construir
una sociedad nueva o retornar a la que perdieron. Reflexiones, metafísica,
exploración de lo humano en situaciones límite, más que la tecnología o la
extrapolación científica, son los ingredientes de este relato, que muchos
consideran una metáfora existencial acerca de circunstancias reales.
El arco iris del mono (1980), de Ángel Arango.
Ciudad de La Habana: Letras Cubanas.
Este volumen incluye los mejores cuentos de Ángel Arango,
el decano de la ciencia ficción cubana. Arango ha transitado por todas las
etapas del desarrollo del género en Cuba, manteniéndose activo durante más
tiempo que ningún otro autor. En su trayectoria, gran parte de la cual se
muestra en El arco iris del mono, se evidencian las transformaciones de
la ciencia ficción en la isla, de reminiscencias de la Edad de Oro anglosajona
a la voz propia nacional, atravesando la influencia de la literatura soviética.
Pasar por estos relatos de viajes espaciales, contactos, evolución humana y
máquinas pensantes es en efecto pasar por la historia del género en Cuba.
Kappa15 (1982), de Gregorio Ortega.
Ciudad de La Habana: Letras Cubanas.
Este libro de Gregorio Ortega es una remodelación de La
odisea y los Viajes de Simbad, en clave de ciencia ficción. Decirlo así no
es hacerle justicia a esta novela más aventurera que de aventuras, profunda
cuando debe serlo y ligera cuando hace falta. Por desgracia, es la única
incursión de este polígrafo, cuya vida fue un tanto como la de su protagonista,
pues ha sido periodista, viceministro, diplomático, abogado de revolucionarios,
exiliado político y viajero, además de haber escrito numerosas novelas y recopilaciones.
Timshel (1987), de José Miguel
Sánchez (Yoss)
Ciudad de La Habana: Editorial Abril.
José Miguel Sánchez es el autor cubano de ciencia ficción
más premiado, el que más prestigio tiene en el mainstream sin dejar de
cultivar este género y el único que vive de su pluma entre los residentes en la
Isla. La colección de cuentos Timshel constituyó su carta de
presentación —tenía 18 años al publicarla. En ese momento fue la obra más
oscura, más tecnológica y más experimental de la ciencia ficción cubana, introduciendo
en el ámbito nacional elementos de ciberpunk, slipstream y hasta
posmodernidad. Éstas siguen siendo su marca de fábrica, junto con un sentido de
la maravilla marcadamente biológico.
Crónicas Koradianas (1988), de Félix
Mondéjar.
Ciudad de La Habana: Letras Cubanas.
Existe una corriente en la ciencia ficción cubana que
considera necesario llevar la nacionalidad a flor de piel, con orgullosa
estridencia inclusive. Félix Mondéjar es el sostenedor principal de esta idea,
y se basa no sólo en historias de sabor local sino también en el así llamado
‘choteo cubano’, una actitud jocosa que supuestamente extendemos a todo. La
novela Crónicas Koradianas, aunque no tenga una historia cubana de por
sí, es en efecto una gran comedia, paródica e irreverente, pinchando a la
religión, a las novelas de espionaje, a la space opera e incluso a Goethe.
Fábulas de una abuela extraterrestre (1988),
de Daína Chaviano.
Ciudad de La Habana: Letras Cubanas.
Daína Chaviano es por siempre la Dama de la Ciencia
Ficción Cubana. En los ‘80 logró apoderarse de la imaginación de todos los
lectores con un estilo propio, que remitía a la Nueva Ola y las grandes voces
femeninas del género. Se hizo especialmente querida por el fandom
gracias a su defensa inteligente de la ciencia ficción contra las visiones
dogmáticas, en todos los espacios accesibles. Fábulas de una abuela
extraterrestre no es la más profunda de sus creaciones, pero refleja
la madurez de su estilo y su capacidad narrativa, con una trama
maravillosamente urdida entre novela planetaria, contactos entre especies
inteligentes, fantasía heroica y mitología.
El Año 200 (1990), de Agustín de
Rojas.
Ciudad de La Habana: Letras Cubanas.
El consenso del fandom nacional indica que Agustín
de Rojas es el mejor escritor de ciencia ficción en Cuba; la única discusión
posible es cuál de sus obras es la mejor. Para muchos, se lleva las palmas El
año 200. Aquí De Rojas lleva al punto extremo su leit motiv
fundamental, la utopía imperfecta, con una trama profunda en reflexiones y amplia
en sucesos. También se disfruta una extrapolación social atrevida, un sentido
serio de la ciencia y la tecnología, y la concepción polémica del futuro del
hombre que tanto faltaba en los autores de la generación de De Rojas. El año
200 fue la última novela de ciencia ficción de este autor.
Reino eterno (1999) Compilado por José
Miguel Sánchez.
Ciudad de La Habana: Letras Cubanas.
Los ‘90 del siglo pasado fueron de penuria editorial para
la ciencia ficción cubana. En particular los autores jóvenes no tenían opciones
de publicación, y sólo una editorial, Extramuros, de alcance provincial, apostó
por la nueva generación. En este volumen se pueden encontrar textos no sólo de
ciencia ficción sino también de fantasía, firmados por Yailín Pérez Zamora, Juan
Pablo Noroña ,Orlando Vila, Eduardo del Llano, Juan A. Padrón, Fabricio
González, Vladimir Hernández y otros. También la ilustración de cubierta fue
muestra de novedad, pues la realizó Yailín Pérez Zamora.
Nova de cuarzo (2000), de Vladimír Hernández.
Ciudad de La Habana: Ediciones Extramuros.
Vladimír Hernández, quien no reside en Cuba desde que
empezó a ganar premios y menciones en concursos en España, es el cultivador más
acérrimo y original del ciberpunk. Muestra su escritura en la colección de
relatos Nova de cuarzo, con un estilo propio, basado en la
inmersión del lector en su universo extrañado y futurista mediante un lenguaje
neológico, cargado de adjetivos y calificativos para hacer de cada cosa,
persona o circunstancia un objeto nuevo a nuestros ojos. Las tramas de la
mayoría de estos seis cuentos tratan de la relación del hombre con la
omnipresente tecnología.
Niños de neón (2001), de Michel Encinosa Fú.
Ciudad de La Habana: Letras Cubanas.
Michel Encinosa es más reconocido por su obra de fantasía
heroica —Sol Negro (2001)— que por su escritura de ciencia ficción. Niños
de neón es un conjunto de relatos ambientados en el universo futurista de
Ofidia, megalópolis ciberpunk que también sustenta un juego de rol del propio
autor; los lectores encontrarán en algunos de los relatos aspectos de la
cultura rolera. No obstante, la experimentación narrativa y la audacia en el
lenguaje —a veces fallida—, suplen la falta de verosimilitud y sentido
científico-técnico.
© 2005 Juan Pablo Noroña
Más
información sobre la ciencia ficción cubana aquí