MATRICES, Pat Cadigan
Luis Pestarini
En su lúcida cartografía del estado de la ciencia ficción
a mediados de los ’80, “Una guía de uso para los postmodernos”, Michael
Swanwick demarca una división entre humanistas y ciberpunks en la nueva
generación de escritores del género. Los primeros se caracterizaron por su
ficción culta, auto-consciente y próxima a la literatura general, mientras que
los ciberpunks se afirmaban en una prosa contenida, un futuro de alta
tecnología y bajo nivel de vida, y un rechazo hacia la autoridad, el lado punk
del movimiento. Bajo estas generalizaciones, a Swanwick le resulta conveniente
ubicar a Kim Stanley Robinson y Connie Willis, por ejemplo, en el grupo de los
humanistas, mientras que William Gibson y Bruce Sterling se acomodan sin
sobresaltos como ciberpunks. A Pat Cadigan la ubica tentativamente en este
último campo, pero de manera provisoria, insatisfecho. Al leer Matrices
se comprende el por qué.
Matrices reúne
trece relatos publicados entre 1982 y 1988, período en el que eclosionó el
ciberpunk, probablemente el único movimiento dentro de la ciencia ficción que
se filtró a otras formas artísticas. Pero este volumen no es una recopilación
de relatos ciberpunks, ni siquiera son mayoría. Cadigan muestra una respetable
variedad de aproximaciones y temas, recorriendo un itinerario que pasa por la
ciencia ficción burlona de “Rescate en la ruta” hasta la fantasía oscura y
sofocantemente erótica de “Fue el calor”.
Si de
ciberpunk hablamos, es inevitable mencionar “El cruce de Chico Lindo”, casi un
manifiesto donde se exploran algunas prematuras posibilidades de la conversión
del ser humano en información pura, de fuerte impacto en su momento pero ahora
devaluado. Tal vez más próximo al punk rebelde esté “Seguir rockeando”, que más
tarde sería parte de su novela Synners, ambientado en un futuro donde el
rock agoniza. “Rescate en la ruta” está despojado de elementos tecnológicos
aunque sucede en un futuro indeterminado, cuando diversas razas extraterrestres
se pasean por nuestro mundo. Cadigan pone patas para arriba todas las
especulaciones de lo que podrían ser las relaciones entre las razas, de un modo
mordaz y melancólico a la vez. También sobre un encuentro con un ser de otro
mundo es “Ángel”, pero aquí ambos seres son marginales, de alguna manera
desterrados, No faltan los cuentos que
rinden culto a temas clásicos, como “Dos”, donde una niña puede leer los
pensamientos, talento que termina sirviéndole sólo a un apostador tramposo con
quien establece una relación un poco siniestra.
Y es en la
vena siniestra donde Cadigan más se luce. En “El guardián de mi hermano”, una
muchacha deja atrás sus exitosos estudios universitarios ante un llamado de
auxilio del hermano, para enfrentar un regreso desgraciado al hogar familiar y
una inmersión en el mundo de los heroinómanos que la lleva un poco más lejos de
lo que espera. En “El poder y la pasión” lo siniestro es evidente, el horror es
más brutal porque nos planta ante la opción de tomar partida entre dos
arquetipos del mal.
Hay más
cuentos que los mencionados, algunos más frágiles y fácilmente olvidables. A la
mayoría de estas historias las cruza una melancolía matizada por tintes oscuros
que se entrometen en lo cotidiano, una forma que recuerda a Bradbury, pero un
Bradbury sutilmente más amargo, resignado ante lo inevitable. Ya no son
frecuentes los libros de cuentos de ciencia ficción y fantasía, y menos lo son
los que cautivan al lector con la serenidad, autoridad y variedad de Matrices.
Matrices (Patterns, 1988), por Pat
Cadigan. Buenos Aires: Cántaro, 2006. 297 (Narrativa) Introducción y traducción
de Elvio E. Gandolfo.