EL AÑO DEL DESIERTO, Pedro Mairal
Luis Pestarini
María Neyla Valdén vive en Barrio Norte con su padre una
vida más bien irrelevante, trabajando como secretaria para una compañía
inversora en una moderna torre del Bajo. La acción comienza mientras espera en
una esquina céntrica a un novio motoquero que nunca llegará, durante un día de
agitación ciudadana que recuerda la agonía del gobierno de De la Rúa. Los
confines de la ciudad de Buenos Aires ceden ante el avance de la intemperie,
que se va comiendo las edificaciones para convertirlas nuevamente en pajonales.
Los habitantes de la ciudad se inquietan y la capital poco a poco va asilando a
los que pierden sus viviendas hasta que el hacinamiento lleva a la rebelión y
se bloquean las entradas a la ciudad, ahora asediada.
Sobran ejemplos en la
ciencia-ficción en los cuales el tiempo hace un recorrido inverso al habitual: El
mundo contra reloj de Philip K. Dick, La flecha del tiempo de Martín
Amis o “Viaje a la semilla” de Alejo Carpentier, son algunos. Pero Mairal en El
año del desierto ensaya un camino distinto y más audaz: lo que retrocede es
el entorno social y cultural, el progreso se deshace y vemos cómo los
artefactos tecnológicos van desapareciendo (la televisión, la radio, la
electricidad) y los comportamientos sociales siguen el mismo camino (las mujeres
y los trabajadores van perdiendo sus derechos, por ejemplo). Entonces, lo que
desanda su recorrido es el devenir histórico, y vamos viendo la historia
argentina en un proceso invertido.
Si la idea es audaz, la resolución
es impecable: los hechos se encadenan en forma retrospectiva como si fueran
causales. Por ejemplo, por la situación de aislamiento en la capital deja de
haber antibióticos y suministros sanitarios, entonces en los hospitales
comienzan a aplicarse métodos más antiguos de curación. Además, Mairal elude la
metáfora fácil y los golpes de efecto. El realismo con que se cuenta recuerda
por momentos a las novelas inglesas de catástrofe.
María es testigo y partícipe de la
convulsión social que producen los cambios. En un año de su vida pasa toda la
historia argentina hasta la llegada de los conquistadores mientras ella primero
busca a su novio y luego simplemente trata de sobrevivir entre indios que
alguna vez fueron ingenieros de sistemas o almaceneros. Rigurosa en su
construcción, impecable en su narración, El año del desierto tiene otra
virtud: un sentido del humor inesperado, mezcla de ironía y burla. También hay
un intenso sentido dramático que sobrevuela la historia, de pérdida y desamparo
por los desplazamientos provocados por la inversión.
El año del desierto toma sus
riesgos, pero resuelve cada uno de los problemas que plantea la historia de
manera ingeniosa. La segunda novela de Pedro Mairal, que ganara en 1998 en
Premio Clarín con Una noche con Sabrina Love, se cuela en un espacio
casi virgen de la literatura argentina, una elite muy reducida de la que
participa, por ejemplo, La invención de Morel, caracterizada porque
soporta espléndidamente la lectura tanto desde la perspectiva de género como
desde la literatura general.
El año del desierto, de Pedro Mairal. Buenos Aires:
Interzona, 2005. 273 p. (Latinoamericana) $ 29.-