Luis Pestarini
Michael Moorcock tiene un
lugar ganado en el Olimpo de la literatura fantástica por dos hechos: por un
lado, porque desde la revista inglesa New Worlds entre 1964 y 1971
condujo y dio espacio a una generación de escritores de ciencia-ficción que
experimentó temática y estilísticamente en un género que se estaba
anquilosando, y que, con mayor o menor talento, puso patas para arriba. Por el
otro lado, porque a partir de sus novelas de fantasía heroica actualizó el rol
del héroe y de los valores por los cuales lucha.
Elric de Melniboné es la primera de ocho novelas
publicadas entre 1972 y 1991 que siguen las aventuras del hechicero albino. De
carácter atormentado y ambiguo, Elric es una de las tantas materializaciones de
lo que Moorcock ha definido como el Campeón Eterno, un arquetipo que se repite
en sus novelas, manifestándose en personajes de aspectos muy distintos pero
comportamientos parecidos. La acción se desarrolla en un mundo típico de las
novelas de fantasía heroica, con naciones semisalvajes y empobrecidas, baja
tecnología, donde la magia es parte de la naturaleza, pero aquí hay una
singularidad: se trata sólo de un plano de la realidad, el Multiverso, donde
combaten el Orden y el Caos, cuyas fuerzas se manifiestan como deidades que
apoyan a unos o a otros.
En esta primera novela de la serie, Elric es presentado como
un personaje motivaciones intensas, decadente, cuya palidez insinúa debilidad y
flaquezas. Es traicionado por su primo Yyrkoon, que intenta matarlo para
heredar el trono de Melniboné, y que ante su fracaso se lleva a la amada de
Elric, su propia hermana, para extorsionarlo. Elric abandona todo en una
búsqueda frenética a la cual son convocadas las fuerzas del Multiverso, al
final de la cual se produce un sorprendente renunciamiento.
Moorcock subvierte los clichés que se habían instalado en la
fantasía heroica desde los tiempos del Conan de Robert E. Howard. Elric no es
un guerrero salvaje sino una figura culta, sombría, que asume la lucha cuando
no tiene alternativa, y que tiene que contener a su espada hambrienta de
sangre. La narración, ausente de humor, bordea la ironía todo el tiempo. Las
fuerzas convocadas no representan el bien y el mal, tradicionales en este
subgénero, mientras que el Orden y el Caos no están signados por valores
positivos o negativos por su propia condición.
Elric de
Melniboné es más compleja y ambiciosa en su planteo que en su narrativa,
sencilla, lineal y bastante monótona. Publicada hace treinta y cinco años, se
convirtió en un hito de la literatura fantástica por su originalidad, por su
capacidad para reconstruir al héroe épico a partir de la cultura pop de los ’60
y por la ambivalencia de sus simbolizaciones, pero los años desnudaron sus
limitaciones como obra literaria. Los siguientes libros de la serie que está
publicando EDHASA en Argentina, muestran una creciente complejidad en este
último aspecto.
Elric de Melniboné (Elric of Melniboné, 1972), por Michael Moorcock. Buenos
Aires: EDHASA, 2007. 213 p. (Fantasy Nebulae) $ 25.-