CUÁSAR 45
Junio 2007
56 páginas, 20 x 16 cm.
En Argentina, $ 7.- incluyendo gastos de envío a todo el país.
Ficciones
“Cómo derrotamos la amenaza estelar y vivimos para contarlo”, de Ariel Cruz
El contacto con una civilización puede tomar muchas formas, algunas muy singulares. El cubano Ariel Cruz ensaya en este relato la visión latinoamericana de un tópico del género.
Fragmento
Ahora casi nadie recuerda los días en que el DVD Trulla Mob se convirtió en hit de ventas internacional. Seguro, hay cientos de títulos olvidados, aunque en alguna oscura base de datos retengan este o aquel record. Pero Trulla Mob fue nuestro primer Número 1 Mundial, y hasta ahora, el único en mantener el puesto por cuatro semanas seguidas. En Estados Unidos, Europa, Japón, la gente pagaba por la edición oficial. En el Sur se pirateaba alegremente. No importaba que alguien en Hollywood tuviera los derechos de distribución. A todos los efectos prácticos, la película era mexicana, y pagar por ella a los gringos equivalía en el sentimiento popular a pagarles un impuesto sobre los tacos o el tequila.
Recuerdo el revuelo. Los críticos aplaudían el DVD y lo analizaban con frases sofisticadas que sólo otros críticos entendían. Los ejecutivos confesaban pasar el día en la oficina ansiosos por regresar a él al anochecer. Las amas de casa lo corrían un rato para relajarse. Yo lo vi por primera vez aquí mismo, en lo de Lorenzo, en el televisor al final de la barra. Un cliente me había demostrado cómo funcionaba.
Recuerdo que aquella mañana pensé que era un impecable truco publicitario. Luego de mi café matinal, camino a la estación de TV, pasé por una tienda de video para comprarlo. Lo corrí sólo una vez. Por su culpa llegué a convencerme de que mi vida era un fracaso. Puedo entender que todos hayan olvidado a Trulla Mob. Lo increíble es que también yo lo hubiese olvidado todos estos años, dado el infierno que me hizo pasar.
“La casa más allá de tu cielo”, de Benjamin Rosenbaum
En el futuro más distante, la recreación del universo, en uno de los mejores cuentos de 2006. Está nominado al Premio Hugo.
Fragmento
Matthias hojea y revisa su biblioteca de mundos.
En uno de ellos, una niña llamada Sophie está temblando en su cama, abrazada a su osito de peluche. Es de noche. Tiene seis años. Está llorando tan silenciosamente como puede.
El sonido de un vidrio que se rompe llega de la cocina. A través de la ventana, sobre la pared de la casa vecina, puede ver las sombras proyectadas de sus padres. Hay un golpe y cae una sombra; Sophie hunde su nariz en el osito y respira su plácido aroma mientras reza.
Matthias sabe que no debería entrometerse. Pero hoy su corazón está agitado. Hoy, en el mundo fuera de la biblioteca, se anuncia un peregrino. Un peregrino viene a visitar a Matthias, el primero en mucho tiempo.
El peregrino viene desde muy lejos.
El peregrino es uno de nosotros.
—Por favor, Dios —dice Sophie—, por favor, ayúdanos. Amén.
—Pequeña —dice Matthias a través de la boca del oso de peluche—, no temas.
Sophie contiene bruscamente el aliento.
—¿Eres Dios? —susurra.
—No, niña —dice Matthias, el hacedor de su universo.
—¿Voy a morir? —pregunta.
—No lo sé —dice Matthias.
“La tormenta”, de Laura Ponce
Éste es, sin más, uno de los mejores cuentos de la ciencia-ficción argentina de los últimos años: de trama precisa, con una idea renovadora y personajes memorables.
Fragmento
Recién entonces Azak se había dado cuenta de que no sólo había amanecido sino que el sol se hallaba en lo alto del cielo, un cielo completamente despejado. ¿Era el mismo día? ¿Era otro? Azak había tenido la sensación de que nunca lo sabría. Pero frente a ellos el desierto había cambiado por completo.
—Feliz kamala —había murmurado ella sonriéndoles afectuosamente.
Y luego les había dado la espalda.
—¿Dónde va? ¿Dónde van todos? —había preguntado Valdezarín.
—Regresamos al pueblo. Hay mucho que hacer. Aún no hemos terminado con los preparativos.
Valdezarín había visto que, mientras los colonos abandonaban poco a poco el barranco, sus hombres permanecían de pie; lo miraban desconcertados, esperando órdenes. Les había hecho un gesto que significaba ‘reagrúpense y síganme’ y se había apresurado a alcanzar a la regente seguido por Azak.
—¿A qué se refiere? ¿Preparativos para qué?
—Pronto volverán los que estaban en el desierto. Debemos recibirlos adecuadamente.
—¿Hay más colonos en el desierto? ¿Y qué hacían allí?
—Esperaban.
—¿Qué es lo que esperaban?
Muró se había detenido y les había sonreído como si fueran niños a quienes hay que explicarles lo obvio.
—Esperaban la tormenta.
Nota
“De la Luna al ciberespacio: la ciencia-ficción como reflejo del cambio cultural”, de Luis Pestarini
Fragmento
El género que aquí nos interesa es un fenómeno cultural propio de las sociedades en cambio y, como tal, no hay política editorial que logre asfixiarlo, aunque pueda ser arrojado a los subsuelos de las listas de los más vendidos. Pero más allá de esto, hay un rasgo que ha pasado desapercibido cuando se plantea un análisis del fenómeno de la ciencia-ficción, ya sea desde la literatura, la sociología o, incluso, la pedagogía: la especulación y extrapolación de conocimiento, ideas y situaciones que se dan habitualmente en sus obras le permiten expresar las cambiantes percepciones de valores y nociones sociales que se están produciendo en una sociedad mucho mejor que en cualquier otra forma del arte. O, dicho de manera más sencilla: la ciencia-ficción transparenta estos cambios culturales, no como parte de un supuesto componente predictivo, sino porque es más sensible a estos fenómenos.
Cuasarianas
¿Por qué leemos ciencia-ficción?, por Marie Langer
Un escocés en Buenos Aires
La ciencia-ficción en Gran Bretaña y Canadá, según Stephen Baxter y Robert J. Sawyer
Instrucciones para el licántropo aficionado, por Paula Ruggeri
Bibliográficas
Eldor, de Pedro Peña, por Claudio Barbeito
Elric de Melniboné, de Michael Moorcock, por Luis Pestarini
Evenmere: la gran mansión, de James Stoddard, por Luis Pestarini
Industria, luz y magia, de Khristo Poshtakov, por Sergio Gaut vel Hartman
Jugar a dioses, de Damien Broderick, por Amelia Gómez Centurión
Leyes de mercado, de Dan Morgan, por Gonzalo Carranza
Noticias de Cassandra, de Juan Herranz, por Juan Carlos Verrecchia
Placeres prohibidos, de Laurell K. Hamilton, por Gonzalo Carranza
El privilegio de la espada, de Ellen Kushner, por Luis Pestarini
La rosa del tango, de Juan Ignacio Prola, por Damián Levín
Et Al
Premio Mundial de Fantasía, Premio Minotauro, Robert Sheckley, Octavia E. Butler...
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