Últimamente he estado escribiendo mucho sobre
cuentos de ciencia-ficción que hacen un uso erróneo de la
religión, cuentos que incluyen la religión para estereotiparla en
lugar de explorarla y extrapolarla. La religión es un tema complejo (o
un conjunto de temas), y me frustra leer cuentos que lo tratan como algo
simple. Lo que sigue es una lista de los 10 cuentos y novelas cortas que creo
que tratan muy bien el tema de la religión y, como resultado,
están entre mis favoritos en el género.
10. “Respuesta”, Fredric Brown
Muchos relatos de ciencia-ficción han manifestado
nuestra confianza en la tecnología en términos religiosos. El
cuento ultracorto de Brown —de menos de una página— es la
aproximación más concisa al tema, describiendo a un
científico en una utopía lejana en el tiempo que construye una
computadora para responder definitivamente la pregunta sobre la existencia de
Dios. Probablemente uno pueda sospechar el final (en la improbable contingencia
de que no lo haya leído una docena de veces), pero esto no vuelve al
relato menos escalofriante. “Respuesta” permanece como una fuerte
advertencia acerca de la confusión entre las creaciones y el Creador.
9. “El hombre”, Ray Bradbury
“El hombre” es una sencilla parábola
sobre un profeta que viaja de planeta en planeta; su aparición
más conocida fue en la Tierra hace unos 2000 años. El Hombre no
aparece en el cuento; es la historia de Hart, el capitán de un cohete espacial
que desciende sobre un mundo extraño poco después de la partida
del profeta. La incredulidad inicial de Hart sobre el Hombre pronto se
convierte en obsesión violenta, y amenaza a los pintorescos pobladores
extraterrestres con violencia si no lo ayudan a encontrar al profeta. La tragedia
de Hart es que piensa en Dios como un destino, algo que puede ser encontrado en
algún lado. No comprende que cualquier lugar que el Hombre visite, en
verdad nunca lo abandona:
"Y
seguirá buscando, planeta tras planeta, y siempre llegará una
hora después, media hora después, o diez minutos después.
Y un día lo perderá por unos pocos segundos. […] Y
así seguirá y seguirá, pensando que va a encontrar lo que
ha dejado aquí, en este planeta, en este mismo pueblo.”
8. “The Albertine notes”, Rick Moody
Junto a Paisaje con
muchacha de Jonathan Lethem, “The Albertine notes” es el mejor
relato dickiano que Dick no escribió. Desde el escenario
postapocalíptico de ‘la vida continúa’ hasta las
drogas psicodélicas que permiten el viaje en el tiempo, la novela corta
de Moody hace un uso inteligente de los elementos dickianos, pero es más
que un simple pastiche. La historia tiene lugar en una Nueva York devastada por
una explosión nuclear. Los habitantes de este desierto cuentan con una
droga llamada Albertine que permite revivir con intensidad sus recuerdos
previos a la guerra. La Albertine —claramente una representación
de la nostalgia adictiva como las Can-D y Wash-35 de Dick— es presentada
como una forma degradada de la experiencia religiosa. Al poco tiempo, algunos
de los místicos de la droga experimentan recuerdos del futuro. Pero
¿de qué sirve una profecía en un mundo que ya se ha venido
abajo? Es un elegante homenaje a un maestro del género, pero es una
historia fuerte y maravillosa por derecho propio, y uno de los mejores relatos
sobre la experiencia religiosa en décadas.
7.
“The Gospel According to Gamaliel Crucis”, Michael Bishop
El concepto de un salvador alienígena es uno de los
tropos de la ciencia-ficción más antiguos, y ha sido estropeado
con más frecuencia que aprovechado. (Te estoy mirando, Forastero en tierra extraña).
Bishop batea sacando la bola del campo de juego en “Gamaliel
Crucis”, probablemente la aproximación más original a esta
idea en la historia de la ciencia-ficción. “Crucis” asume
que Jesús era realmente Dios hecho carne, pero también que cada
especie en el universo ha sido bendecida con su propia encarnación. No
todas las especies son iguales a la humanidad; por ejemplo, los
alienígenas de Acrux X tienen crías que se cuentan en centenares.
Cuando Dios toma su forma, hay decenas de nuevos Mesías. Un único
Mesías, parece, “violaría la pauta de su biología y
las expectativas de su cultura”. Más que confinarse a un
único planeta, se extienden a lo ancho de la galaxia. “Gamaliel
Crucis” es la historia de Mantikhoras, el profeta insectoide enviado a la
Tierra. Escrita al estilo de los evangelios, incluso enumerando
capítulos y versos, es un relato auténticamente único de
salvación.
6. “The Pope of the Chimps”, Robert Silverberg
“The Pope of the Chimps” explora el origen de la creencia
religiosa, especulando sobre el nacimiento de una teología primate. Un
equipo de científicos que trabaja con chimpancés que manejan muy
competentemente el lenguaje de señas comienza a notar extraños
comportamientos después de la muerte de uno de los humanos. Tras hablar
con uno de los científicos sobre la muerte, los chimpancés
desarrollan el concepto del más allá, y a partir de eso tienen un
sistema bastante fuerte de ritual y doctrina. Si bien hubiera resultado
fácil para el cuento convertirse en una farsa sencilla y directa,
Silverberg toma una ruta mucho más seria. Al final del relato, no queda
claro si la religión de los chimpancés es una simple parodia. Su
fe los vuelve más inteligentes y más humanos.
¿Cuáles son los milagros que hacen que nuestra fe humana funcione
para nosotros?
5. “Razón”, Isaac Asimov
La mayoría de los cuentos
de Yo, robot son rompecabezas con una
fórmula simple: un robot comienza a funcionar mal, violando una de las
Leyes de la Robótica por razones desconocidas, y los investigadores
humanos evalúan la causa del problema durante 15 páginas hasta
alcanzar una solución ingeniosa. La gran excepción a esta
fórmula es “Razón”, que bien podría ser lo
mejor que escribió Asimov. En este caso el rompecabezas es más
bien un dilema moral: los robots que trabajan en una estación espacial
que irradia energía solar a la Tierra han desarrollado una
religión, y se rehúsan a creer a sus dueños humanos cuando
les señalan la falsedad de su credo. Lo que diferencia a
“Razón” de las otras historias de robots es que el
rompecabezas en su propia solución: los robots llevan adelante sus
tareas con eficiencia cuando trabajan convencidos de que la estación
espacial es Dios y la Tierra no existe. Puesto que la mecánica del
misterio no importa, “Razón” toma más tiempo
considerando sus temas. Su actitud hacia la religión parece
condescendiente, pero el cuento concluye dando a la religión un
complemento sólo ligeramente ambiguo: los robots realmente trabajan mejor creyendo en Dios, y su fabricante
comienza a adoctrinar a todas sus creaciones en la nueva fe. En otras palabras,
“Razón” plantea que la fe funciona.
4. “Asylum”, Katharine Kerr
“Asylum” es un relato distópico
ambientado en los Estados Unidos en el futuro cercano, cuando ha tenido lugar
un golpe evangélico. El relato no es una hipérbole: toma
literalmente el lenguaje militarista de los auténticos conservadores
cristianos como Tim LaHaye y Ron Luce (fundador de Battle Cry, probablemente la
expresión más militarista de la fe cristiana desde las Cruzadas).
La verdadera fuerza del relato está en que no se centra en la violencia
militar de este régimen autoritario, sino en el costo emocional y
espiritual que provoca la división de las familias. La protagonista del
cuento es una profesora de escuela secundaria llamado Janet Corey que es
desterrada por el nuevo gobierno. Corey es la autora de Fascismo cristiano: la política de la rectitud (un paralelo
interesante con American Fascists: The Christian Right And The War On
America, un libro real de Chris
Hedge). Por atreverse a despreciar el movimiento reaccionario, Corey es
forzada a pedir asilo en Gran Bretaña. La historia de sus intentos
frustrados por ponerse en contacto con su familia y sus amigos en los Estados
Unidos hace del relato de Kerr una tragedia de primer nivel y una perturbadora
crítica al concepto de ‘guerra espiritual’.
3. “La fe de nuestros padres”, Philip K. Dick
La paranoia religiosa es la marca registrada de los
escritos de Dick. La deidad voyeur de
Ojo en el cielo y la
eucaristía siniestra de Los tres
enigmas de Palmer Eldritch definitivamente dieron forma a las experiencias
religiosas del mismo Dick en 1974. Sus escritos posteriores se dividen entre la
idea de un Dios compasivo y uno cruel. “La fe de nuestros padres”,
el aporte de Dick a Visiones peligrosas,
la antología bisagra de Harlan Ellison (e indudablemente el mejor cuento
de la colección), representa la profundidad de su terror a Dios anterior
a 1974. La historia describe la distopía definitiva: un gobierno
autoritario que somete a su pueblo con alucinógenos que les impiden
advertir la verdadera naturaleza de su gobierno. Cuando los personajes del
cuento ingieren un antialucinógeno, descubren que el líder de su
sociedad es un monstruoso depredador que también es el Único Dios
Verdadero. Esta revelación lovecraftiana hace de este relato algo
singularmente perturbador; Dick lo describió como “la más
terrorífica visión que pude imaginar”. La sombría
espiritualidad del cuento no debe ser tomada por error como una
descripción completa del pensamiento religioso de Dick, pero los miedos
que el relato encarna sus un aspecto esencial de su teología.
2. “La fiesta de Baco”, Robert Silverberg
En los ’70, Silverberg fue el maestro de la ciencia
ficción contemplativa, escribiendo obras de un humor gris y estudios de
personajes sobre el derrumbe psicológico que implican los progresos
tecnológicos. “La fiesta de Baco” es su obra maestra: la
historia de un ex astronauta, el único sobreviviente de un desafortunado
viaje a Marte, que busca su aniquilación espiritual en el desierto del
Sudoeste. John Oxenshuer, abrumado por la culpa por la muerte de sus
compañeros exploradores, busca aislarse de la sociedad humana, pero en
lugar de eso encuentra trascendencia terrenal en un monasterio del desierto
dedicado al éxtasis místico y al libertinaje divino. “La
fiesta” se centra en la alienación de la frontera, equiparando al
astronauta y al monje como figuras liminares tanto a lo físico como a lo
espiritual de la civilización. Las implicancias místicas del
viaje espacial son mencionadas con frecuencia en la ciencia-ficción,
pero raramente son exploradas con tanto rigor.
1.
“Gus”, Jack McDevitt
El monasterio es un escenario estereotipado en las
historias de ciencia-ficción sobre religión. Tal vez debido al
éxito de relatos como Cántico
a San Leibowitz, docenas de cuentos han intentado explorar el futuro de la
vida contemplativa, pero pocos lo han hecho de un modo tan inteligente como en
esta historia (la que, trágicamente, sólo apareció impresa
una vez, en la antología Sacred
visions, de tema católico, realizada por Michael Cassutt y Andrew M.
Greeley). El personaje del título es una simulación en
computadora de San Agustín, adquirida por un seminario católico
para uso educativo en clase. La IA expresa los argumentos de su progenitor
demasiado bien, y pronto entra en conflicto con la administración del
monasterio. “Esa cosa debe estar programada por Unitarios”, dice despectivo
el Monseñor. Agustín es una figura malinterpretada con
frecuencia, pero McDevitt no cae en ninguna de las trampas habituales, y el
relato realmente da vida al Doctor de la Iglesia. Cuando crece la amistad entre
la IA y un monje joven, la fuerza de la caracterización de Gus lo lleva
a un viaje emotivo. Al final del cuento, Gus hace una convincente defensa de la
existencia de su propia alma. El cuidado y la perspicacia que muestra McDevitt
al presentar personas (y computadoras) de fe encarnan un ideal al cual todos
los relatos de ciencia-ficción sobre religión deberían
aspirar.
Menciones honoríficas, sin ningún orden en
particular: “Dios microcósmico”, Theodore Sturgeon;
“Herejías del dios enorme”, Brian Aldiss;
“Contamination”, Richard Bowker; “El infierno es la ausencia
de Dios”, Ted Chiang, “The Measure of All Things”, Richard
Chwedyk; “Los nueve mil millones de nombres de Dios”, Arthur C. Clarke;
“Prometheus”, Philip José Farmer; “Las frías
ecuaciones”, Tom Godwin; “Las calles de Askalón”,
Harry Harrison; “Tendeléo’s Story”, Ian McDonald.
Una nota sobre el criterio: dado
que esta es una lista, excluí novelas cortas que son mejor conocidas por
sus adaptaciones al formato novela (de otra manera, “Un caso de
conciencia”, de Blish y “He aquí el hombre”, de
Moorcock habrían sido incluidas, entre otras obras potenciales). No distinguí entre
cuentos de diferentes longitudes; la cuestión novela corta/cuento
siempre fue un tema que me irritó y confundió, así que
para mis objetivos todos son “cuentos”. Hay algunos excelentes
relatos que incluyen las ideas religiosas tangencialmente pero no son en verdad sobre religión
(“The Measure of All Things”), o son claramente sobre
religión pero no son ciencia-ficción si hablamos con propiedad
(“El infierno es la ausencia de Dios”); por ello fueron relegados
como “Menciones honoríficas” pero son lecturas muy
recomendables.