EL DIA DEL MINOTAURO, DE THOMAS BURNETT SWANN, NUEVO LIBRO DE EDICIONES CUÁSAR
El Día del Minotauro, de Thomas Burnett
Swann, es el nuevo libro de Ediciones Cuásar.
Título original: Day of the Minotaur
Novela
finalista del Premio Hugo
Incluye
una biografía crítica del autor por Robert A. Collins y una bibliografía completa.
Novela seleccionada
por David Pringle para Literatura fantástica: las 100 mejores novelas
Precio de
venta directa: $ 23.- (incluye gastos de envío en Argentina) y 10 € (incluye
gastos de envío a España por correo vía aérea)
Próximamente
en librerías de Argentina a $ 29.-
Pedidos: cuasar@ciudad.com.ar
Texto de
contratapa:
En su
huida de los salvajes aqueos que invaden Creta en 1500 a. C., dos hermanos adolescentes se
internan en el País de las Bestias, una región habitada por centauros, dríadas,
monos azules y regida por el Minotauro. Recorrida por un erotismo juguetón y
por la sombra de la tragedia, El día del
minotauro narra a la vez el pasaje de la adolescencia a la adultez y el
avasallamiento del hombre sobre la naturaleza y los seres que viven en armonía
con ella.
“Un
escritor notable. Escribe con felicidad y belleza más allá de las tendencias y
las modas. Escribe su sustancia dorada a su propia manera.”
Theodore
Sturgeon, en The New York Times
“Las
fantasías neo-románticas de Swann del pasado son
únicas. Utiliza la materia del mito pero con giros e invenciones propias.”
Baird Searles, en The Village Voice
“Los
lectores de las fantasías de Swann hace largo tiempo
que descubrieron su capacidad para darle vida a la mitología en sus escenarios
antiguos y clásicos. Pero estos escenarios mitológicos son telones de fondo
para sus personajes, y estos personajes probablemente son más importantes para
valorar su contribución a la literatura fantástica del siglo XX. Otros autores
han regresado a Creta, Grecia y Bretaña con igual —sino mayor— éxito, pero pocos
autores, tal vez sólo él, sumaron a esto una población tan extraordinaria de
personajes humanos y bestias. Su principales protagonistas siempre están en
armonía con la naturaleza, y son caprichosos y sensuales en sus búsquedas de un
alegre carpe diem
que está en todas sus novelas y cuentos.”
Roger
Schlobin, en Extrapolation
Sobre el
autor:
Thomas Burnett Swann (1928-1976) fue un
reconocido poeta, crítico y narrador, recordado especialmente por sus relatos
ambientados en mundos de la mitología clásica —griega, egipcia, británica—,
donde el hombre amenaza con destruir los mundos preindustriales que habitan
centauros, sátiros y minotauros. Narradas siempre de un modo ameno y vivaz, en
sus historias siempre subyace un erotismo sin culpas y la tragedia de la pérdida.
Entre sus obras destaca la ‘Trilogía
del Minotauro’, tres novelas que pueden leerse de manera independiente —incluso
fueron publicadas en orden inverso a la cronología interna—, compuesta por El día del minotauro (1966), The Forest of Forever (1971) y Cry Silver Bells (1977).
También sobresalen The Weirwoods (1967), The
Goat Without Horns (1971), The
Tournament of Thorns (La mansión de las rosas, 1976) y The
Minikins of Yan (1976),
y el cuento “Where is the Bird of Fire?” (“¿Dónde está el Pájaro de
Fuego?”, 1962).
Fragmento del Capítulo II: El Minotauro:
Ella observó a sus captores alejarse con las
antorchas como botes de pesca en la noche, dejándolos en una oscuridad que
parecía sofocar sus sentidos como un sudario de lana negra. El aire estaba cargado
con los excrementos de los murciélagos. Ícaro apretó su mano, un poco como
protección, otro por miedo. Ella también estaba asustada; mucho más que él,
suponía, dado que las cuevas, los acantilados y los ríos rugientes, los rostros
feroces de la naturaleza, eran familiares a Ícaro por su errar por los
alrededores de Vathypetro.
—Probablemente
—dijo Ícaro sin rastros de reproche—, si lo hubieras alcanzado en algún otro
lugar, no se hubiese enojado tanto.
—Ningún
otro lugar lo hubiera detenido.
—Por
cierto, había que detenerlo —estuvo de acuerdo Ícaro—. Lo escuché gritándote. Y
todo por un beso.
No era
momento para explicarle cómo eran las cosas. La cueva, por supuesto, pertenecía
al minotauro.
Lo
atrajo hacia ella y sintió su gran cabeza contra su hombro.
—Perdóname
—dijo ella—. Perdóname, hermanito.
—Pero
si yo quería ir al País de las Bestias —le recordó, no lo suficientemente
asustado como para evitar un sentimental intercambio de palabras cariñosas—.
Ahora aquí estamos.
—Pero
no querías ir a la
Cueva del Minotauro.
—Pérdix nos traerá suerte.
—No
contra los minotauros. Son demasiado grandes.
—Tal
vez éste salió a cenar.
—Temo
que cena en casa. Shhhh —dijo Thea—. Escucho…
Escucharon
unos ruidos de pisadas (¿de pezuñas?), y luego un gemido bajo y prolongado que
se hizo más profundo y se convirtió en un bramido de un toro furioso que helaba
la sangre. La náusea subió hasta la garganta de Thea
como la pata peluda de una araña.
—¡Diosa Madre, viene hacia aquí! —gimió el muchacho.
—Debemos
separarnos —dijo Thea—. De otra manera, nos atrapará
a ambos a la vez. Intentemos deslizarnos a su lado en la oscuridad y
encontrarnos en la entrada de la cueva.
—¿No será capaz de vernos? Ésta es su guarida.
—No
puede perseguirnos a ambos a la vez.
—Déjalo
que me persiga a mí primero. Si es lento corriendo, puedes tener una
oportunidad.
—Él
decidirá por sí mismo. —Thea a la vez contaba y tenía
la esperanza de que la eligiera antes que a su hermano. Si el minotauro sumaba
los instintos de un hombre a los de un toro, tendría que preferir una muchacha
a un muchacho.
Aflojó
la mano de Ícaro. Los dedos de él se resistieron; la abrazó rápida e
impulsivamente y se lanzó delante de ella, moviéndose de oscuridad a oscuridad,
rozando con sus sandalias el suelo de la cueva. Ella comenzó a llamarlo por su
nombre. No, no tenía que alertar al minotauro. Comenzó a palpar su camino junto
a las paredes; su humedad rezumaba como sangre entre sus dedos. Una vez
trastabilló y se cortó la rodilla con estalagmitas, porque llevaba la falda
corta y no la que tenía con forma de campana con la que había recibido a Ayax. Cierto hedor impregnaba el aire, rancio y dulce al
mismo tiempo: carne putrefacta y sangre seca. Ella se detenía a menudo para
recuperar el aliento; el miedo la había agotado como si estuviera enfrentado una marea fuerte y fuera arrastrada a la playa
entre las maderas flotantes y las conchas. Poco a poco, sus ojos se
acostumbraron a la oscuridad y distinguieron las puntas de las estalactitas que
colgaban desde el techo como algas marinas flotando sobre la cabeza de un
buceador.
¿Por qué, se preguntó, temo más al minotauro que a Ayax y sus asesinos? En Cnosos
había asistido a menudo a los Juegos del Toro; una vez, es verdad, habían
empalado a un muchacho, pero el toro no había sido sanguinario. El muchacho
había tratado de dar una voltereta sobre el lomo del toro pero había caído
sobre sus cuernos. El animal había parecido más sorprendido que asesino; había
bajado los cuernos para ayudar a que los asistentes retiraran el cuerpo.
Algunos
sonidos, apagados y tenues (¿la voz de Ícaro, tal vez?). Luego otra vez el
bramido prolongado y estremecedor.
Un
toro que camina como un hombre, eso era terrorífico. Camina sobre dos piernas.
Piensa con astucia humana, odia con calculada crueldad humana. Un híbrido de
hombre y bestia, monstruoso al ojo, monstruoso al corazón, y exultante con fría
malevolencia.
Anhelar
a Ícaro silenció sus temores. El indeciso toque de su mano, impaciente como un
ratón de campo. La cabeza grande, que no era realmente grande salvo por su
corona de pelo, y las orejas en punta que no dejaban que el pelo las ocultara.
Los juegos infantiles y el coraje poco infantil. Ella se mordió la lengua para
evitar llamarlo. Dio un giro y miró hacia arriba, directamente hacia los ojos
del minotauro, y a su pelo rojo enmarañado.
Fragmento de la biografía crítica de Swann, por Robert A. Collins:
Hombre refinado,
Swann estaba “casi solo explorando este aspecto del
comportamiento humano”, al menos entre los escritores que se volvieron
importantes en los ’50 y ’60. La ternura genuina de las emociones de sus
protagonistas fue malinterpretada a menudo. Lin Carter, haciéndose eco de Barbara
Bannon, se quejó de una ‘dulzura empalagosa’ y de una
‘Disneyficación’ de algunos de sus personajes., ignorando las ocasiones en las
cuales los mismos personajes actúan con una determinación estoica, incluso
sombría. En una era de violencia organizada y del Movimiento de Libertad de
Expresión, la ternura no estaba a la moda, pero fueron los lectores los que lo
comprendieron mejor: “Para mí es difícil dejar las obras de Swann”,
escribió Barry Eysman.
Encuentro
en la compasión de sus criaturas un consuelo bienvenido, algo difícil de hallar
en nuestra sociedad... Por encima de todo... está la lealtad: la lealtad de Jonatán con David, de Zoe con Eunostos, de Charlie con Skimmer... Es una lealtad de seres creativos y queribles, seres que se aman... Se respira fuego y horror y
están basados en... la bondad.
El
tratamiento del sexo es otro aspecto de la obra de Swann
que no se encuentra de moda. En una era de pornografía legal y orgasmos casi
obligatorios, los personajes de Swann generalmente se
comportan con gracia y moderación. Y, sin embargo, el sexo es importante, una
motivación fundamental en cada novela, a veces la suprema. Extrañamente, la
libertad de seguir los deseos de uno, sin considerar las restricciones de las
instituciones sociales y legales, es un tema fundamental en todas ellas. Lo que
engaña es la saludable simplicidad
con la cual los personajes de Swann, humanos y
prehumanos, persiguen sus deseos. El tratamiento del sexo expresa una libertad
ideal y universal para amar, sin pruritos. Como un lector señaló (refiriéndose
a The Minikins of Yam, en la cual la heroína es una cortesana): “Swann es la única persona que conozco que puede escribir un
libro sobre una puta adecuado para los doce años.” Y, no obstante, el truco es
bastante simple: elimina la culpa, basada en la convicción de que el sexo es
sucio, y el resultado es natural e inocente. Los temas de Swann,
los sátiros, las ninfas, las cortesanas, las diosas de la fertilidad,
fácilmente pueden conducir a la pornografía; unos de los triunfos de su estilo
es que nunca lo hacen.
Tampoco
está ausente el humor relacionado con el sexo. La generosa Zoe,
la driada, hace bromas tiernas sobre sus amantes
centauros: son todas patas y es imposible dormir con ellos.
Precio de
venta directa: $ 23.- (incluye gastos de envío en Argentina) y 10 € (incluye
gastos de envío a España por correo vía aérea)
Próximamente
en librerías de Argentina a $ 29.-
Pedidos: cuasar@ciudad.com.ar
Otros libros de Ediciones Cuásar:
Aterrizaje
de emergencia, de Algis
Budrys