UNIVERSO DE LOCOS Y OTRAS NOVELAS DE MARCIANOS,
de Fredric Brown
Gonzalo Carranza
Las novelas y cuentos de Fredric Brown a menudo nos
muestran a un personaje más o menos solitario que de buenas a primeras advierte
que la realidad, que hasta ese momento debía enfrentar todos los días, se ha
transformado en algo muy parecido a una pesadilla. El efecto puede ser trágico
o cómico y, en ocasiones, las dos cosas a la vez. Si el autor ha elegido
trabajar a partir del género policial, el protagonista tendrá que vérselas con
una serie de maquinaciones que no se revelarán como lo que son hasta el final
del texto, y si, en cambio, ha decidido desplegar su
historia dentro de la ciencia ficción, nuestro personaje habrá ido a parar a un
universo paralelo o descubrirá que la estructura del mundo que suponía conocer
es, en realidad, muchísimo más compleja de lo que creía. Las mismas hipótesis
inspiraron también a John Franklin Bardin, que trasladó a la novela negra el
clima pesadillesco de la literatura fantástica, a Fritz Leiber, que en Los que pecan tomó literalmente las
hipótesis mecanicista que concebían al universo como un gigantesco reloj y, por
supuesto, a Philip Dick, que hoy aparece como el abanderado más prestigioso de
esta tendencia. La concepción de la realidad como un montaje fue uno de los
tópicos más transitados por los géneros populares de la posguerra. Los críticos
ligaron estas preocupaciones con la difusión del psicoanálisis en los Estados
Unidos y las versiones acerca de supuestos lavados de cerebro que comenzaron a
difundirse durante la Guerra
de Corea. No sólo debo dudar del otro, sino también de mi misma cordura, porque
mi propia mente se ha convertido en el campo de batalla de fuerzas que
desconozco.
Universo de
locos —la primera de las tres novelas que reúne el libro que hoy
comentamos¾ narra las desventuras de un editor de revistas de
ciencia-ficción que como consecuencia de una explosión es trasladado a un
universo que parece haberse construido con las ideas y argumentos que aparecían
en sus revistas. El texto parodia las convenciones de la Space
Opera, pero también resulta ingenioso como novela de
mundos paralelos —si acaso existiera esta
denominación genérica— y, lo que es más importante,
logra construir un protagonista cálido y verosímil. El humor, que para muchos
constituye la marca principal de Fredric Brown, no surge sólo de los
comentarios del narrador o de las descripción de
algunas escenas disparatadas, sino que, como ocurre en las narraciones de
Chesterton, la trama entera parece tener la engañosa estructura de un chiste.
Claro que también hay momentos de horror como las descripciones de las noches
neoyorquinas asoladas por bandas de asesinos que han aprendido a orientarse en
la oscuridad.
La tercera novela del libro ¾¡Marciano,
largo de aquí!, una
traducción del texto que conocimos en la más feliz traducción Marciano Go Home¾ también parodia los tópicos de la ciencia-ficción. La
invasión alienígena finalmente se produce, pero los marcianos no intentan
esclavizarnos ni llevarse los recursos naturales del planeta. Aparentemente el
único objetivo que persiguen es burlarse y hacer la vida imposible a los
terrícolas y, como no son más que una serie de imágenes parlantes de
hombrecitos verdes que aparecen y desaparecen a voluntad, no hay forma de
combatirlos. La novela tiene algunas escenas antológicas, como la intervención
de un marciano en un curso dictado por un psicólogo que asegura haber
encontrado el método para neutralizarlos, pero la trama no resulta tan lograda
como la de Universo de locos y el
protagonista parece un poco más aplanado. No obstante
la lectura nunca pierde interés. La novela anticipa y en gran parte supera la
película de Tim Burton en Marcianos al
Ataque, porque aquí no se trata de la destrucción, sino de la broma y el
hostigamiento permanente y ese sin sentido le da al texto un toque absurdo que
pronto se desliza a la angustia.
Las estrellas desafiantes —la segunda
novela de esta recopilación— no puede, en cambio,
comparase con las otras dos que hemos comentado. La trama narra las aventuras
de un mecánico de cohetes que lucha por la reimplantación del programa espacial
en los Estados Unidos del futuro. El humor ha desaparecido, el argumento carece
de ritmo y los personajes son terriblemente estereotipados. No hay en el texto
nada que justifique la lectura, pero las otras dos novelas son tan entretenidas
que este mal paso no puede cambiar nuestra opinión de Brown. No son pocos los
autores del género que en la actualidad buscan deliberadamente estructuras
anacrónicas para intentar revivir en el lector el entusiasmo que despertaban
sus primeras lecturas, pero, si lo que queremos es volver a encontrarnos con
esa mezcla de originalidad y sencillez que alguna vez distinguió a la
ciencia-ficción, nada mejor que leer estas viejas novelas o, en todo caso,
releerlas.
Universo de locos y otras novelas
de marcianos (Martians and Madness, 2002) Barcelona: Gigamesh, 2007. 488 p. 16,95 €
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