Philip
José Farmer fue durante décadas un referente dentro de
la ciencia ficción en lo relacionados con temas habitualmente
evitados, como el sexo y la religión. Autor de clásicos
como Los amantes (1961), Dare (1966), las series del
‘Mundo del Río’ o ‘el mundo de Tiers’,
entre otras, continúa escribiendo a los 85 años, aunque
algo alejado de la ciencia ficción. En 1999 recibió el
Premio Nebula como Gran Maestro, por la labor literaria de toda su
vida. Pocas veces se presta a entrevistas.
PHILIP JOSÉ FARMER: ENTREVISTA, por E. E. Gilpatrick
En
1946, Philip José Farmer envió un cuento a The
Saturday Evening Post llamado “O’Brien and Obrenov”.
El Post le ofreció comprar la historia si sacaba una
escena de borrachos. Farmer publicó el cuento tal como estaba
en Adventure.
En
1952 escribió un cuento llamado “The lovers”
[primera parte de la novela Los amantes], basado en un
artículo sobre parasitología. Fue rechazado por Galaxy
y Astounding. Al ser publicado por Startling Stories
fue atacado inmediatamente por su contenido sexual. Aún así,
Farmer ganó un Hugo como el mejor escritor nuevo de 1952.
Desde
aquellos tempranos intentos, Philip José Farmer ganó
otros dos Hugo, publicó más de 40 libros, y sus obras
fueron traducidas a quince idiomas.
Farmer
comenzó y permanece como una figura controvertida, en parte
por el contenido sexual de algunas de sus primeras obras. Más
que a ningún otro escritor, a Farmer se le acredita el paso de
la adolescencia a la madurez por parte de la ciencia ficción.
Sus personajes diseccionan a esposas embarazadas, golpean a sus
novias y consiguen fuerza al castrar a sus enemigos. Así y
todo, Harlan Ellison dijo que Farmer es una de ‘las pocas buenas
personas que conozco’.
Nacido
en North Terre Haute, Indiana, el 26 de enero de 1918, Farmer se
matriculó en la Universidad de Missouri en 1938, pero la dejó
un año más tarde por falta de dinero. El servicio
militar durante la guerra y su matrimonio con Virginia Andre, con
quien tuvo dos hijos, provocaron un intervalo antes de que se
graduara en 1950. Su primer cuento apareció en Adventure en
1946, pero fue “The lovers”, en 1952, el que estableció
su reputación. Su primer libro, The green odyssey,
apareció en 1957. Noche de luz (Night lo light)
fue nominada al Nebula en 1966, y su novela corta “Jinetes del
salario púrpura” (“Riders of the purple wage”)
ganó el Hugo en 1968, como lo hizo A vuestros cuerpos
dispersos (To your scattered bodies go) en 1972.
Gilpatrick:
La fantasía puede verse como una zona donde no son necesarias
la tradición, la historia ni ningún valor absoluto. A
pesar del relativismo filosófico, ¿quedan todavía
valores absolutos?
Farmer:
No sé si quedan valores absolutos, pero la mente humana es tan
estructurada que el hombre debe considerar al universo con valores
absolutos. No podemos comprender el tiempo, lo finito o infinito.
Somos incapaces de comprender la brevedad de la vida como algo
opuesto a la inmortalidad. Yo no puedo entender la idea de este
universo como un accidente. Por esto el ser humano está
interesado en que haya absolutos.
G:
¿Cuándo pensó por primera vez en escribir?
F:
Lo pensé cuando era joven, pero me tomó mucho tiempo
conseguirlo.
G:
¿Y qué es lo que hizo que finalmente lo consiguiera?
F:
Aunque me sentía seducido por la ciencia ficción y la
fantasía, leía mucho y la amaba, deseaba ser escritor
de literatura general.
G:
¿Qué se siente ser considerado esencialmente un
escritor de fantasía?
F:
No sé si eso molesta a algunos escritores, pero a mí no
me preocupa que me rotulen de un modo u otro. Por ejemplo, para el
próximo año pienso escribir una novela de literatura
general, Pearl diving in old Peoria. Tiene lugar a comienzos
de los ’50. Si se los mira con atención, se descubre que
fueron un preludio de los violentos ’60. Las semillas estaban en
los ’50. Una parte transcurre en un campus universitario que
está obviamente modelado sobre los de la Bradley University y
de la University of Missouri, a los que asistí durante unos
años.
Escribí
una novela de literatura general, Fire and the night. Salió
en 1957, creo. Tenía que ver con la religión y las
relaciones raciales. También vendí un par de cuentos de
literatura general a Playboy. En cierto sentido, lo que estoy
haciendo es cumplir con algunas ambiciones de la infancia.
Amaba
las historias de Tarzán, los libros de Oz y los de Sherlock
Holmes. Quería escribir una novela a lo Burroughs, así
que lo hice. Lo hice bastante tarde. Escribí una biografía
de Tarzán y otra de Doc Savage. Escribí pastiches de
Tarzán, Doc Savage, Sherlock Holmes, de algunos personajes de
las Nuevas Mil y una noches de Robert Louis Stevenson... Hago
exactamente eso en una novela llamada A barnstormer in Oz.
Tiene lugar en 1923. Es una racionalización al estilo de la
ciencia ficción, que intenta explicar cómo puede
existir esa dimensión, cómo puede estar vivo el
espantapájaros, cómo puede sobrevivir el hombre del
bosque; por qué los animales pueden pensar y hablar.
La
premisa básica es que sólo el primer libro de Oz es
verdad. Si se leen los últimos libros de Oz, Baum comienza a
contradecirse. Entonces tomé la premisa de que el primer libro
es verdad, y luego aplico los principios de la ciencia ficción
y extrapolo con rigor.
G:
¿Esto significa que es su última novela de fantasía?
F:
No, sólo la última escrita para cumplir con mi ambición
de la infancia de hacer novelas sobre Tarzán, Doc Savage,
Sherlock Holmes y Oz.
G:
¿Diría que tanto la realidad como la fantasía
tienen que acomodarse a una lógica bastante rígida?
F:
Cuando se escribe fantasía hay que aplicar las mismas reglas
rígidas que cuando se escribe ciencia ficción. Hay que
establecer una o dos premisas básicas. Estas podrían
ser contrarias a la realidad como la conocemos. En la fantasía,
uno puede tomar una premisa de la magia, pero una vez que se fijaron
las leyes hay que actuar de acuerdo con ellas tan estrictamente como
nosotros respetamos las leyes físicas en este mundo. No se
puede estar a mitad de la novela e introducir otro factor. Eso crea
caos. No se es honesto con el lector. No se es honesto con el mismo
universo donde la magia puede funcionar. Así que, ya sea este
universo o el creado, todos tienen leyes. La extrapolación
rígida realizada sobre una premisa básica, la condición
‘entonces si’ es una parte de la ciencia ficción y
la fantasía.
G:
¿Considera que la magia y la fantasía son sinónimos?
F:
Si, así lo creo. A menos, por supuesto, que la premisa sea que
la magia es una rama de la ciencia sobre la que no sabemos mucho. En
ese caso, si se quiere, se la puede llamar ciencia ficción.
A
mí no me preocupa cómo se llame. No me preocupa en lo
más mínimo. Participé en multitud de paneles en
convenciones donde se discuten cosas como: ¿qué es la
ciencia ficción? o ¿qué es la fantasía?
Leí montones de discusiones en fanzines y en otros lugares. La
verdad es que el único problema es que cargamos con una
etiqueta desafortunada.
Antes
de Hugo Gernsback, había muchos escritores que escribían
lo que hoy se conoce como ciencia ficción. A veces se los
llamaba novelistas románticos. Hugo Gernsback era una persona
a la que le gustaba rotular las cosas.
Él
fue el que lanzó un concurso para descubrir cómo le
gustaría a sus lectores llamar a este género en
particular en sus revistas. Le gustaba el término
‘scientifiction’, pero sus lectores prefirieron ‘ciencia
ficción’ [para conocer la historia completa del término
‘ciencia ficción’ cliquear aquí].
Todavía cargamos con eso. Yo prefiero que simplemente me
llamen escritor. Eso no molesta.
G:
Usted obtuvo su primer Hugo en 1953. ¿Cuál fue la
sensación al ganarlo?
F:
Bueno, estaba bastante complacido, por supuesto. Extrañamente,
hasta que escribí “The lovers” en 1952, no sabía
nada del fandom. Debo haber sido vagamente consciente de que existían
los aficionados, de que se escribían y publicaban fanzines,
pero no me habían provocado ninguna impresión.
Entonces
fui a mi primera convención mundial de ciencia ficción
en Chicago. Fue en 1952. Me encontré con unos cuantos
escritores a los que leía, y con muchos aficionados. Allí
fui consciente por primera vez de que el mundo de la ciencia ficción
era un mundo bastante pequeño, pero íntimo y cálido.
G:
El segundo Hugo que ganó fue con “Jinetes del salario
púrpura”. Según su percepción, ¿cómo
cambió usted y su escritura en los 14 años que
transcurrieron entre un premio y el otro?
F:
Bueno, hay que recordar que cuando ingresé no había
muchos escritores o aficionados. El campo creció como una bola
de nieve desde entonces. En la Science Fiction Writers of America
somos 550 escritores. Lo que alguna vez consideramos como un género
subliterario ahora es enseñado en al menos un centenar de
universidades y escuelas superiores sólo en los Estados
Unidos.
Al
principio leía todo lo que aparecía. Si me gustaba
particularmente un cuento podía disfrutar releyéndolo.
Conocí a muchos escritores e incluso sabía algo de
aquellos que no conocía. También era posible
identificar a la mayoría de los aficionados. Pero ahora el
material desborda todos los meses. Ahora hay muy poca gente en el
campo que conozco, salvo a los de las viejas épocas y a unos
pocos de los más jóvenes. Ya no existe, en lo que a mí
concierne, esa sensación de intimidad. Las convenciones
mundiales son demasiado grandes.
También
noto que hay una fuerte tendencia hacia cierto tipo de material de
espada y brujería que logra nominaciones para los premios, y
gana. Hay excepciones, por supuesto. Pero un libro como Cronopaisaje,
de Gregory Benford, ni siquiera sé si fue nominado para el
Hugo. Era un libro claramente superior al que ganó. Se supone
que es un proceso democrático, pero en fin, no sé si me
gusta la forma en que la democracia está funcionando.
G:
¿Eso significa que está en contra de lo que comúnmente
se conoce como ‘espada y brujería’?
F:
No, por supuesto. Sólo que no me gusta ver cómo un
segmento en particular del mundo de los aficionados proclama la
novela equivocada. Estoy seguro de que La reina de las nieves
es muy buena, pero Cronopaisaje, creo, es superior. Además,
es auténtica ciencia ficción.
Creo
que lo que se debería hacer con el Hugo es entregar uno para
la fantasía y otro para la ciencia ficción. Después
de todo, la mayor parte de los lectores diferencia los géneros.
Pero ni siquiera estoy seguro de que así Cronopaisaje
se hubiera llevado el premio.
G:
¿Cuál le parece que es la tendencia futura para la
literatura fantástica escrita?
F:
¿Incluyendo a la ciencia ficción?
G:
Sí.
F:
Bien, me parece que esencialmente habrá más de lo
mismo. Mi último libro, por ejemplo, The unreasoning mask,
puede ser considerado como un space opera teológico-filosófico.
No veo que haya una fuerte tendencia hacia ese tipo de material, pero
habrá más.
Hay
que recordar que la mayor parte de los aficionados son muy jóvenes.
Tienden a votar el tipo de obra que les gusta. Mayormente no están
tan bien educados en la ciencia ficción, si se me permite
decirlo, como los de más edad.
Antes
teníamos un campo más pequeño para cubrir y nos
gustaban todos los tipos de literatura fantástica. Se podría
decir que no había una tendencia determinante hacia ningún
tipo de ciencia ficción o fantasía. Ahora los
aficionados a la ‘espada y brujería’ forman un gran
bloque, apela a un tipo de lector mucho más joven, algo
perfectamente comprensible. Por supuesto que a los mayores también
les gusta la ‘espada y brujería’, pero son capaces
de distinguir un tipo de novela más madura cuando los más
jóvenes no pueden. Cuando estos crezcan harán lo mismo.
No
me importa si me cita, pero no quiero meterme en ninguna
controversia, no quiero que me escriban por mis opiniones. Recibo
alrededor de 50 cartas por mes y trato de responder al menos la
mitad.
G:
El lector joven promedio, una vez que deja los cuentos de hadas, deja
la fantasía. ¿Qué piensa de la fantasía
enseñada en las escuelas primarias?
F:
Me parece algo maravilloso. Ojalá hubiera habido más
cuando yo era joven. Pero tiene que haber buenos maestros, maestros
que la conozcan. Cuando la ciencia ficción comenzó a
ser académicamente respetable, un montón de profesores
fueron sacados de Shakespeare, Milton y Chaucer para enseñar
ciencia ficción. No sabían nada de ella. Algunos
llegaron a enseñarla muy bien, pero al dar conferencias en
distintos lugares me crucé con docentes que no habían
realizado su tarea y no tenían ningún interés en
la ciencia ficción.
G:
¿Ha pensado alguna vez en retirarse?
F:
No.
G:
¿Sabía que tres días antes de morir, Agatha
Christie escribió 3000 palabras?
F:
Mientras se tenga la mente en buen estado y se sienta bien, los
escritores no necesitamos retirarnos. Como se señaló
alguna vez, la imaginación es como un músculo, se hace
más grande y fuerte si se la ejercita. Tengo más ideas
ahora que cuando comencé. Se podría decir en cierto
sentido que escribir ciencia ficción es como un aprendizaje;
usé ciertas técnicas de la ciencia ficción para
mis libros de literatura general.
En
general, los poetas tienden a ser jóvenes. Hay excepciones:
Thomas Hardy no comenzó a concentrarse en la poesía
hasta cerca de los 80 años, Shakespeare realizó sus
mejoras obras en los últimos años. La juventud presenta
la ventaja de tener mucho vigor y entusiasmo, pero carece de la
experiencia que me parece indispensable para conocer a los seres
humanos y la forma en que funciona el mundo. No hay ninguna razón
para dejar de escribir hasta que ocurra algo fatal.
G:
Alguna vez se pensó que un escritor era un vagabundo, como
Jack London, que trabajó en una gran variedad de empleos
mientras las necesidades lo obligaron. Ahora se impone la visión
de que es necesario cierto entrenamiento académico para ser
escritor. ¿Está de acuerdo?
F:
No. A mí me hubiera gustado completar algunos estudios
universitarios, pero no en literatura sino en antropología o
lingüística.
G:
Si tuviera un hijo de 18 años que quisiese ser un gran
escritor como su padre...
F:
¡Yo no soy un gran escritor! Tal vez sea conocido...
G:
¿Qué consejo le daría a su hijo?
F:
Le aconsejaría que se consiguiera una buena actividad o
profesión para mantenerse, y a la familia, si la tuviese, y
que además escribiese. También le aconsejaría
que no se casase joven, que conozca el mundo. Creo que ahora es más
fácil, porque hay muchos chicos que lo hacen, cuando me gradué
en la escuela media estábamos en medio de la depresión.
Fui durante un año a la Universidad de Missouri y la dejé
porque no me alcanzaba el dinero. Regresé en 1939, a la
Bradley University, aquí en Peoria, y esta vez lo interrumpió
la guerra. No regresé a los estudios hasta 1949, y finalmente
conseguí el título en 1950. Tenía la vaga
intención de llegar a ser docente. Estaba casado y tenía
dos niños para mantener, y comencé con mi master, lo
comencé dos veces. Originalmente quería ser periodista.
G:
¿Fue escritor de trabajos técnicos en California?
F:
Comencé en la General Electric en Syracuse en 1956. Luego me
fui a Phoenix para trabajar en Motorola, y más tarde a
California con McDonald Douglas. Vivimos en Beverly Hills en Los
Ángeles, y reduje a 100 kilómetros el viaje para llegar
a Huntington Beach.
El
mes anterior al primer alunizaje, la NASA sufrió un recorte de
fondos. Despidieron a centenares de ingenieros y otros trabajadores.
Busqué un trabajo y no pude encontrar lo que quería.
Había publicado algunos libros. Comencé a escribir a
tiempo completo y lo estoy haciendo desde entonces.
Tit.
orig.: Interview: Philip José Farmer
Publicado
en Fantasy Newsletter, August 1982
Traducido
por Luis Pestarini
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